Descubre de dónde proceden las sillas ergonómicas que se usan en la oficina

Hoy en día es prácticamente imposible imaginar una oficina que no cuente con las típicas sillas ergonómicas. Sin embargo no fue siempre así. El que hoy en día se ha convertido en un elemento imprescindible en estos espacios de trabajo, por las grandes ventajas que aporta, no estuvo siempre en ellos. Te contamos el origen y evolución de las sillas ergonómicas.

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Sus orígenes están en hace casi dos siglos

Fue en la década de 1840 cuando Charles Darwin creó la primera silla de oficina con ruedas. Lo hizo cansado de no poder moverse con libertad en su laboratorio, tomando la decisión de cambiar las patas de la butaca.

Pues bien, las primeras sillas de oficina estaban hechas de madera, y empezaron pronto a contener asientos y respaldos tapizados. Pero el origen de las sillas ergonómicas como tales lo encontramos a finales del siglo XIX con Sigmund Freud, que se hizo el primer modelo de silla a medida para estar cómodo mientras escuchaba a los pacientes en su consulta.

Hacia mediados del siglo XX, la mayoría de las sillas de oficina se fabricaban pensando más en la profesión que en el contexto de los usuarios. Así, Frank Lloyd diseñó en el año 1956 dos tipos distintos de sillas para el edificio de oficinas Price Tower: unas para los jefes, y las otras para los empleados. Los asientos de los ejecutivos disponían de una base más amplia, y disponían de un mecanismo para ajustar la reclinación del respaldo.

La relación de las sillas ergonómicas con la Primera Guerra Mundial

Aquellas sillas estaban fabricadas en madera en principio, por lo que eran rígidas y apenas adaptables. Pero por extraño que pueda sonar, la evolución de las sillas de madera al aluminio o al plástico, tal como las conocemos hoy en día, es consecuencia de la Primera Guerra Mundial.

El conflicto propició que aparecieran nuevos materiales tales como el tubo de acero inoxidable, el aluminio o incluso la baquelita, que se utilizaron para fabricar años después sillas en serie. Pasada una década, la gama de materiales se diversificó llegando a incluir las resinas plásticas, el contrachapado y la fibra de vidrio.

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Fue en el año 1968 cuando se creó la primera silla ergonómica propiamente dicha. Lo hizo Wildfred Dauphin en la cochera de su hogar, y se trataba de una silla más bien simple pero que permitía ajustar tanto el respaldo como la altura del asiento. El modelo conquistó Europa en primer lugar, y Estados Unidos después. No obstante, fue a finales del siglo XX cuando se evidenció la mayor evolución de las sillas ergonómicas, por la creación de la computadora durante los años ochenta y noventa.

En esta época, ya la mayor parte de las sillas ergonómicas incluían ruedas, soporte de espalda baja, palanca para ajustar la altura y la altura apropiada para poder ver y escribir manteniendo rectas las muñecas. Estas sillas eran de diseño y una estética más bien simple, pero cumpliendo con los requisitos generales de la ergonomía. Finalmente, en el siglo XXI se ha creado un tipo de silla ergonómica que cada vez responde en mayor medida a las necesidades individuales que presentan los usuarios.

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