Efecto Dunning-Kruger o síndrome del incompetente | ¿Realmente somos capaces?

¿Alguna vez has conocido a alguien que tiene un percepción bastante errónea de sus propias capacidades? La primera vez que se habló del efecto Dunning-Kruger fue hace 30 años, en un artículo publicado por la revista Journal of Personality and Social Psychology, en Estados Unidos.

Los autores del artículo eran David Dunning y Justin Kruger. Para llegar a la definición del síndrome del incompetente habían hecho varios experimentos. Comprobaron que, en efecto, hay ocasiones en que nos engañamos sobre lo que somos capaces de hacer.

¿Por qué ocurre esto? ¿De qué se trata exactamente el efecto Dunning-Kruger? Es lo que veremos enseguida.

Los antecedentes del efecto Dunning-Kruger

Una mujer con el efecto Dunning-Kruger hace una bomba de chicle

La historia del efecto Dunning-Kruger comenzó con una historia increíblemente absurda. El protagonista fue un ladrón llamado McArthur Wheeler, de 44 años. Ante la sorpresa de muchos, este hombre robó dos bancos a plena luz del día y sin cubrirse el rostro. Obviamente, fue capturado a las pocas horas.

Lo más sorprendente ocurrió durante el interrogatorio. Wheeler confesó que se había aplicado zumo de limón en el rostro y que estaba convencido de que eso lo hacía invisible ante las cámaras de seguridad. Los investigadores, incrédulos por lo que estaban escuchando, le preguntaron qué le había hecho pensar que eso era cierto.

El frustrado ladrón les dijo que unos amigos suyos le habían probado que esto era cierto. Uno de ellos se había impregnado la cara con zumo de limón y luego se había tomado una fotografía; cuando imprimieron la misma, el rostro no aparecía en ella.

Los policías comprendieron que el ladrón había sido víctima de un timo, pero no entendían cómo un hombre adulto, y además delincuente, había caído en un engaño tan ingenuo. En la Universidad de Cornell, por su parte, había un investigador muy curioso llamado David Dunning, quien, al conocer la historia, decidió averiguar más.

La investigación

David Dunning pensó mucho en el tema y su reflexión lo llevó a una hipótesis audaz: ¿sería posible que alguien fuese tan incompetente que ni siquiera se diera cuenta de que era incompetente? La pregunta le pareció lo suficientemente interesante como para iniciar un estudio. Así que llamó al más aventajado de sus alumnos: Justin Kruger; y ambos iniciaron la investigación.

En realidad, se hicieron cuatro estudios, todos ellos con el patrocinio de la Facultad de Psicología de la Universidad de Cornell. Dunning y Kruger reclutaron sucesivamente varios grupos de voluntarios. A todos ellos se les hicieron pruebas en tres áreas: gramática, razonamiento lógico y humor.

Manos de mujer con agenda y laptop

Antes de aplicarle los test a cada uno, se les interrogaba sobre la percepción que ellos tenían sobre sus propias capacidades. Después, la prueba evidenciaría qué tan acertada era la opinión que tenían acerca de sus propias competencias.

Lo cierto fue que al final se comprobó lo que los investigadores ya imaginaban: cuanto más incompetente era un sujeto, menos consciente era de su propia incompetencia. A su vez, los más capacitados y competentes tendían a infravalorar sus propias habilidades.

Los resultados del experimento se hicieron públicos con el nombre de Unskilled and Unaware of It: How Difficulties in Recognizing One’s Own Incompetence Lead to Inflated Self-Assessments (Las personas sin habilidades e inconscientes al respecto: de qué modo las dificultades en detectar nuestra propia incompetencia nos conducen a sobrestimar nuestra autoimagen).

¿Qué es el efecto Dunning-Kruger?

Edificios y escaleras con ángulos raros

El efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo que se descubrió a partir de una serie de experimentos realizados por Justin Kruger y David Dunning, de la Universidad de Cornell (Nueva York, Estados Unidos), a finales de la década de los noventa del siglo XX.

Los investigadores descubrieron que las personas menos dotadas siempre creían ser mejores que los demás. En su forma de pensar había corazonadas, intuiciones, conjeturas y diversas formas de pensamiento irracional. No realizaban razonamientos lógicos con facilidad.

Todo ello en conjunto les permitió a los investigadores plantear los cuatro ejes básicos del efecto Dunning-Kruger, o síndrome del incompetente. Son los siguientes:

  • Los individuos menos competentes no son capaces de reconocer las habilidades de otros.
  • Tampoco son capaces de reconocer sus propias limitaciones.
  • Sobrestiman sus habilidades y justifican sus resultados porque están convencidos de que son mejores que otros.
  • El entrenamiento constante puede ayudar a que mejore su capacidad y reconozcan su inhabilidad previa.

La conclusión general se formuló de esta manera: «La sobrevaloración del incompetente nace de la mala interpretación de la capacidad de uno mismo. La infravaloración del competente nace de la mala interpretación de la capacidad de los demás».

Hay que anotar que esa excesiva valoración de sí mismos no es voluntaria o deliberada. En realidad, ellos están convencidos de que tienen habilidades superiores, precisamente porque no logran percibir su propia limitación. Por este trabajo, Dunning y Kruger ganaron el premio Ig Nobel en el año 2000.

Causas del efecto Dunning-Kruger

Los dedos hacen el símbolo de victoria

Que este fenómeno tenga lugar es en realidad muy obvio. Las capacidades que se requieren para realizar razonamientos lógicos son las mismas que se aplican para tener una percepción acertada sobre las habilidades propias y ajenas.

Quizás se entiende mejor con un ejemplo. Si yo no sé nada de ortografía, ¿cómo voy a detectar si cometo errores o no? De hecho, si nadie se ha tomado la molestia de corregirme, pese a que cometa una y otra vez el mismo error, podría pensar que mi ortografía es estupenda.

Lo mismo ocurre con la autopercepción. Si una persona ha logrado desenvolverse con cierta soltura en el medio en el que se encuentra, podría pensar que tiene grandes habilidades cuando en realidad esto no es cierto.

En cuanto a las personas que infravaloran sus capacidades, lo que ocurre ahí es un efecto paradójico. Como tienen una percepción más aguda y más elementos de juicio, miran con un sentido más crítico sus propias habilidades y sus resultados.

Efectos

Las consecuencias del efecto Dunning-Kruger son muy variadas. En principio, resulta incluso positivo que una persona se sienta más competente de lo que es. Esto le otorga mayor seguridad en sí misma y esa confianza es un factor de éxito, como lo demuestran varios estudios.

Así que esa suerte de error también podría ser beneficioso. Como lo dijo Charles Darwin «La ignorancia frecuentemente proporciona más confianza que el conocimiento». La película Forrest Gump es también un excelente ejemplo de que muchas veces la confianza es más determinante que el talento como tal.

Un empresario celebra en una ciudad en ruinas

Sin embargo, este sesgo cognitivo también puede ser el origen de muchos problemas. En temas delicados, como el del ladrón de nuestra historia inicial, las consecuencias son muy graves. También, por ejemplo, en asuntos financieros, ya que cualquiera puede terminar en la ruina por una decisión mal tomada. Igual ocurre en relación con los temas de salud, entre otros.

A veces quienes son víctimas del efecto Dunning-Kruger no se hacen tanto daño a sí mismos, como a los demás. Es lo que puede ocurrir en el ámbito laboral. Hay muchas personas que saben venderse muy bien como trabajadores y, sin embargo, resultan ser una pésima contratación.

Esto puede ser muy negativo, ya que, según algunas estimaciones, el desempeño deficiente de un empleado puede llegar a costar hasta dos veces el salario anual de ese trabajador. Esto se puede evitar si le dedicas un poco más de tiempo y empeño a la selección de tus colaboradores y al seguimiento de los mismos.

La dificultad para generar autoconocimiento y el efecto Dunning-Kruger

Un mono tiene un espejo en la mano

El hombre es el único de los animales que tiene la capacidad de pensar y cuestionarse lo que ha pensado. Es una función superior del cerebro que también está presente en quienes son objeto del efecto Dunning-Kruger. La única diferencia es que no la han desarrollado.

La capacidad de pensarse y conocerse muchas veces está entorpecida por diversos factores. La ciencia ha estudiado el tema y se ha logrado precisar varios de los factores que impiden ese autoconocimiento y/o conciencia de sí mismo. Veamos.

La autoafirmación

Varios experimentos han demostrado que las personas tendemos a preservar la imagen que tenemos de nosotros mismos. Por lo tanto, alguien que tiene una buena opinión de lo que es y lo que hace, tenderá a interpretar sus actos de una manera benevolente.

Esto se refleja en la forma como se valora el resultado de un trabajo, lo cual coincide con lo que ocurre en el efecto Dunning-Kruger. También se observa cuando, por ejemplo, alguien ve con más severidad el error de otros, pero tiende a justificarlo si es él mismo quien lo comete.

También ocurre el fenómeno opuesto. Quienes tienen una autoestima baja o una pobre opinión de sí mismos, tienden a ofrecer a los demás una imagen perjudicial de lo que son. Por ejemplo, no son capaces de hablar acerca de sus virtudes y consideran que su desempeño nunca es bueno, aunque los hechos demuestren lo contrario.

Para un empresario es muy importante trabajar sobre este aspecto, ya que la confianza que tenga en sí mismo va incidir en la confianza que despierte en los demás. Lo ideal es que las dudas y las inseguridades o expectativas negativas no se vean reflejadas en el ámbito profesional. Así mismo, conviene trabajar a fondo este terreno, en el ámbito privado.

La profecía autocumplida

Una bola de cristal

Se denomina profecía autocumplida, o profecía autorrealizada, a aquella previsión o predicción que se convierte a sí misma en la causa de que se haga realidad. Por ejemplo, si piensas que al caminar sobre un terreno irregular te vas a caer y te obsesionas con esa idea, lo más probable es que te caigas.

También ocurre lo mismo en el sentido positivo. Si una persona piensa que será capaz de hacer algo, incluso si no tiene las herramientas para hacerlo, es muy probable que lo logre. Ojo: esto no es autosugestión, sino convicción plena de fondo.

En la profecía autocumplida uno no tiene que persuadirse a sí mismo de nada. Tiene la convicción íntima de que será o hará algo y esto se convierte en un dispositivo psicológico que lleva a ese resultado. En el caso del empresario, esa convicción suele nacer cuando se planean muy bien las cosas y se trabaja duro para hacer que funcionen.

La búsqueda de estabilidad

En el efecto Dunning-Kruger, o síndrome del incompetente, también influye la búsqueda de estabilidad. Esta tiene que ver con el hecho de que todos queremos tener una imagen más o menos constante de lo que somos, aunque en realidad siempre estamos en constante cambio.

Sin embargo, para evitar un análisis eterno y para protegernos de la incertidumbre, creamos una idea de lo que somos y nos casamos con ella. Esto tiene un lado positivo y otro negativo. Pensar bien de nosotros mismos y mantener esa idea a lo largo del tiempo nos hace ganar confianza; pese a esto, también puede deteriorar la autocrítica y llevarnos a errores.

Lo ideal es que siempre se pongan en tela de juicio las ideas y las decisiones, especialmente cuando son determinantes. Nunca sobra pedirle la opinión a alguien más y escucharla con atención. El efecto Dunning-Kruger nos enseña que el exceso de confianza puede jugar en contra nuestra.

Para la reflexión

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Una mujer con el rostro dividido por el efecto Dunning-Kruger

Un dato interesante es que se llevaron a cabo pruebas sobre el efecto Dunning-Kruger en Japón y otros países orientales. El resultado causó sorpresa: allí opera al revés. La mayoría de los examinados en esas naciones tendían a subestimar sus capacidades. Sin embargo, al encontrar fallas en su percepción, lo veían interesante y se sentían motivados a cambiar.

Esto significa que en el famoso síndrome del incompetente también opera un factor cultural. Quizás en occidente hay tanta obsesión por el éxito, que hasta quienes no lo logran se hacen a la idea de que sí para no sentirse diferentes o inferiores.

En conclusión, todo esto nos prueba que no es fácil ser objetivos a la hora de evaluarnos. Dudar no es malo y, de hecho, puede protegernos de muchos errores. Lo malo sería quedarse en la duda y no actuar.

Los orientales nos dan un buen mensaje en ese sentido: tener fallas no es estar por debajo de nada, ni de nadie; en alguien proactivo, el reconocimiento de las deficiencias es un motivo más para seguirse superando.

¿Tú qué opinas? ¿Cómo aplicarías este conocimiento en tu empresa o negocio? Compártelo en los comentarios.

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