10 mitos y realidades del emprendimiento que debes conocer

Que se necesita un gran capital, que solo es apto para jóvenes, que tienes que ser un genio para que te vaya bien… Esos son solo algunos de los mitos del emprendimiento que circulan por ahí sin mayor control. Hay todo un arsenal de evidencias que los contradice, pero aun así se difunden. Y lo peor es que muchos loo creen.

Lo inquietante de todos esos mitos del emprendimiento es que cumplen con la función de desalentar a quienes están incubando una idea de negocio, pero todavía no se han decidido a dar el primer paso. Las creencias falsas se convierten en una barrera más a vencer, e incluso llevan a que proyectos prometedores nunca vean la luz.

Los prejuicios no son buenos aliados, como tampoco lo es el pesimismo, sobre todo cuando no hay fundamentos para que exista. Para que no caigas en las redes de esas mentiras que se han vuelto populares, hablemos acerca de los mitos y realidades del emprendimiento.

10 mitos del emprendimiento que debes conocer

Hombre mira desde una persiana blanca cerrada

¿Qué lleva a que un emprendimiento sea exitoso? Cientos de expertos coinciden en que los factores decisivos son la dedicación y la preparación del líder. Esto quiere decir que la fórmula para sacar adelante una empresa está más dentro del emprendedor, que fuera de él.

Pese a lo que dicen los conocedores, hay quienes se empeñan en difundir falsas creencias sobre el emprendimiento. Con frecuencia son personas que no lo han logrado y en lugar de analizar las razones de su fracaso, deciden nutrir prejuicios.

¿Cuáles son esos mitos del emprendimiento a los que no debes prestar atención? Aquí hay 10 de ellos.

1. El dinero: uno de los mitos del emprendimiento más extendido

Manos de hombre con una calculadora y signos de dinero

Este es uno de los mitos más arraigados en torno al emprendimiento. Son muchos los que piensan que si no cuentan con un gran capital es imposible hacer una empresa. Nada más equivocado. De hecho, empresas como Google comenzaron en un garaje.

Es evidente que se requiere de dos recursos básicos para comenzar: tiempo y dinero. Este último no tiene por qué ser un capital cuantioso, porque incluso cuando se tiene dinero en exceso, este tiende a malgastarse, en especial si no se tiene experiencia.

Ahora bien, son muchos los emprendedores que no tienen capital propio para iniciar su emprendimiento. Lo que sí deben tener es una idea sólida de lo que van a hacer, ya que esto es crucial para obtener financiamiento. ¿Cuáles son las fuentes de financiamiento para un emprendedor? Hay varias alternativas:

  • Entidades bancarias: Ofrecen préstamos para emprender, pero se suele requerir un buen historial crediticio.
  • Fundaciones y ONGs: Hay entidades dedicadas a apoyar el emprendimiento, sin ánimo de lucro. Si investigas un poco, de seguro llegas a identificarlas.
  • Inversionistas privados: No descartes que alguien quiera invertir en tu idea. La gente de negocios sabe identificar las buenas oportunidades.
  • Familia o amigos: Siempre son buena alternativa para obtener un préstamo. En este caso, como en el de los bancos, también influye tu buena reputación.
  • Crowdfunfing: Es un modelo de financiamiento colaborativo en el que recibes apoyo financiero para tu idea, sin tener que dar algo a cambio. Hay varios sitios online donde encuentras esta alternativa.

2. El emprendedor nace, no se hace

Hombre frente a una pared negra con flechas blancas hacia la izquierda y flecha amarilla hacia la derecha

Dentro de los mitos y realidades del emprendimiento también ha hecho carrera la idea de que el emprendedor nace y no se hace. Esto es falso, no solo para el campo del emprendimiento, sino para cualquier área de la vida.

Si bien es cierto que algunas personas tienen talento natural para los negocios, esto no significa que cualquier otra persona no pueda cultivar las virtudes necesarias para emprender. De hecho, un rasgo decisivo del emprendedor es la perseverancia y nadie nace siendo perseverante; se llega a serlo con disciplina y autocontrol.

No es común que un emprendedor tenga toda la lista de virtudes ideales de forma natural. Lo habitual es que esto se vaya forjando con los años y el esfuerzo y, sobre todo, mucho estudio. El conocimiento compensa en gran medida la falta de destreza en otros aspectos.

Finalmente, buena parte del mundo de negocios consiste en aprender de los errores y capotear tormentas. Se requiere conocimiento y tenacidad para ello, pero ni lo uno ni lo otro vienen con nosotros al mundo al nacer. Ambos son fruto del trabajo y este se lleva a cabo cuando hay convicción.

3. El producto debe ser totalmente innovador para ser exitoso

Puzzle de cerebro y piezas sin encajar

Este es otro de los mitos del emprendimiento más extendido. Se alimenta, sobre todo, de las historias épicas de grandes emprendedores como Bill Gates o Mark Zuckerberg. Si solo hubiese lugar para los genios en el mundo empresarial, de seguro este sería muy pequeño.

No hay necesidad de invertir una suma gigante de dinero en desarrollar un producto o servicio totalmente innovador. Tampoco hay que encerrarse dos años hasta que aparezca la inspiración de una musa para poder avanzar. Pensar así solo conduce a la parálisis. Lo más común es que las innovaciones se vayan introduciendo en el camino, a medida que el negocio toma forma.

Es cierto que la innovación agrega valor y permite una mejor inserción en el mercado, pero esto no quiere decir que tengas que hacer algo completamente novedoso para entrar en el juego. La innovación no tiene valor por sí misma, sino que lo adquiere en el marco de modelo de negocios desde el cual se trabaje.

4. El emprendimiento es para la gente joven

Hombre joven con laptop con mitos del emprendimiento

En los mitos y verdades del emprendimiento hay una aseveración que no solo es falsa, sino también nociva. Dice que el emprendimiento solo es para la gente joven, lo cual no tiene ningún fundamento.

El mundo de los negocios es en realidad uno de los más abiertos en términos de edad. Hay emprendedores exitosos que comienzan a los 16 años y otros que lo hacen después de los 60. Son muchos los ejemplos.

No son pocos los que se deciden a emprender tras recibir la jubilación y está muy bien que lo hagan. La esperanza de vida aumenta en el mundo y la edad avanzada es un factor cada vez menos relevante.

Incluso, lo ideal es que un equipo de trabajo esté conformado por personas de diferentes edades. Esto puede dar lugar a una sinergia muy poderosa. Hay estudios en los que se revela que las iniciativas empresariales son más frecuentes entre personas de 35 a 44 años. Y que otro segmento muy dinámico es el de 55 a 68 años.

El dato por sí solo muestra que el tema de la edad es solo uno de los mitos del emprendimiento.

5. La cautela: ¿es virtud o es otro de los mitos del emprendimiento?

Hombre temeroso por una sombra en la pared

Uno de los mitos del emprendimiento más recurrentes es la idea de que debes ser sumamente cauteloso a la hora de emprender, ya que la posibilidad de fracasar es muy alta. Sin embargo, no son pocos los que fracasan, precisamente, por falta de audacia.

Todo emprendimiento supone riesgos y todo emprendedor debe aprender a asumirlos. Hasta las empresas más sólidas, incluso con siglos de existencia, pueden pasar por fases críticas. Si no, que lo digan las grandes aerolíneas que tuvieron que hacer profundas reestructuraciones en razón a la crisis de 2020.

La forma de asumir un riesgo no es extremando la cautela, sino aprendiendo a tomar riesgos calculados. Hay que identificar dónde está el peligro y qué acciones preventivas se deben implementar. Por lo demás, hay que perder el miedo y avanzar con firmeza. La audacia racional suele premiarse en la dura esfera de los negocios.

6. Sin experiencia: mejor no intentarlo

Hombre se rasca la cabeza por los mitos del emprendimiento

Más que uno de los mitos del emprendimiento, este es un prejuicio similar al de la edad. Se dice que si la persona es muy joven, la realidad va a cobrarle su falta de experiencia. Pero luego, también se afirma que si es muy mayor, no tendrá la energía necesaria para sacar la empresa adelante. Nada de esto es cierto.

Es verdad que la experiencia otorga un saber que no puedes encontrar en ningún libro. Pero también es cierto que los libros te dan herramientas que no se consiguen solo con la experiencia. Lo que juega en contra no es la falta de experiencia, sino el exceso de confianza.

No porque tengas un phD tienes asegurado el éxito. Tampoco tener mucha experiencia significa triunfar automáticamente. Si apenas comienzas a recorrer el universo empresarial, lo mejor es que seas precavido, sin caer en la pusilanimidad.

Pregunta cuando tengas una duda a los que ya llevan un buen tramo recorrido, y avanza. Si no comienzas por alguna parte, jamás vas a tener la experiencia que tanto te exigen quienes creen en este mito.

7. Por fin voy a hacer lo que me gusta

Mujer sentada frente a un escritorio y un laptop levanta el brazo

Lamentablemente, esto no es cierto y forma parte de los grandes mitos y realidades del emprendimiento. Que inicies un emprendimiento en el área que más te gusta, no significa que todo el tiempo vas a estar dedicado a esa labor o actividad.

Un emprendedor debe estar al frente, coordinando el engranaje completo. Esto implica labores de planeación, análisis, finanzas, personal, logística, etc. Si lo que deseas, única y exclusivamente, es dedicarte a una vocación profunda, quizás la mejor opción sea la de trabajar como autónomo o diseñar un emprendimiento pequeño, con límites precisos.

Una empresa como tal no permite que quien está al frente haga lo que ama, a menos que lo que ame sea el emprendimiento. Una organización empresarial es muy exigente, especialmente cuando empieza a crecer y exige una especialización de funciones cada vez más detallada.

8. Seré mi propio jefe: uno de los mitos del emprendimiento

Hombre cuenta dinero con los pies sobre el escritorio y un laptop

Esto también hace parte de los grandes mitos y verdades del emprendimiento. No, en realidad un emprendimiento no te va a permitir hacer lo que te parezca, como te parezca y cuando te parezca. Es claro que tener tu propia empresa te brinda un buen margen de autonomía sobre un conjunto de decisiones internas importantes.

Sin embargo, también tendrás que afrontar una de las dictaduras más férreas: la del mercado. De uno u otro modo, los clientes terminan siendo tus jefes, los que deciden por dónde debes ir y por dónde no; qué debes hacer y qué no.

Así mismo, y especialmente al comienzo, no vas a tener horario, ni fecha en el calendario. Lo más probable es que debas dedicarle muchas horas al trabajo y que no tengas tiempo para ti mismo. Incluso puedes llegar a sentirte más esclavizado que si trabajaras para alguien.

Sin duda alguna, vas a tener un margen de decisión mucho más amplio que irá creciendo a medida que la idea tome forma y se consolide. Pero no te engañes, la plena libertad es una quimera que la mayoría de los emprendedores no acarician.

9. Con una idea tan buena es imposible fracasar

Humo rosa atraviesa un cuadrado con los mitos del emprendimiento

Este es uno de los mitos del emprendimiento que puede ser peligroso. Tiene que ver con los casos en los que alguien desarrolla una excelente idea y, por lo mismo, supone que el fracaso no es una opción. También ocurre cuando se hacen cuentas alegres del tipo «imposible que no venda x unidades de este producto».

Por bueno que sea un producto o un servicio, este requiere que lo des a conocer, que salgas a venderlo y le enseñes al mercado sus ventajas. También implica analizar a tus clientes, fijar precios, hacerlo llegar hasta ellos.

Son muchos los aspectos involucrados y resulta perfectamente posible que fracases con un buen producto, por no administrar bien tu cartera o tener una logística inadecuada.

En la órbita empresarial nada es seguro y nada se puede dar por descontado. Ni los mejores productos o servicios de la historia se han «vendido solos». Tampoco puedes prever la reacción exacta del mercado. Se llega más lejos cuando se tienen expectativas más realistas y se avanza paso a paso.

10. Necesito un socio: uno de los mitos del emprendimiento que muchos creen

Tres ejecutivos sentados alrededor de una mesa se lamentan

Este es uno de esos mitos que solo sirve para encubrir un rasgo de inseguridad. El socio, o los socios, son un factor crucial en todo emprendimiento y es muy importante analizar a fondo si realmente se requieren y qué perfil deben cumplir. No es raro que se haga empresa con el mejor amigo, la pareja, un hermano o alguien con mucho dinero. ¿Seguro esta es la mejor decisión?

No son pocas las empresas que fracasan por desavenencias entre los socios. Al comienzo, todo es entusiasmo y complicidad. Con el tiempo, no es seguro que esas asociaciones espontáneas funcionen en momentos de crisis o incluso de bonanza.

No siempre se requiere de un socio para emprender y no siempre el buen socio es aquella persona con la que te entiendes mejor en la vida personal. La decisión de incorporar a alguien debe tomarse con frialdad y visión. De lo contrario, puedes terminar haciendo concesiones absurdas para cuidar un vínculo personal, o sorteando innumerables problemas que no nacen de la empresa misma, sino de una relación deteriorada con los socios.

Ideas finales

Mujer habla al oído de un hombre sobre los mitos del emprendimiento

El emprendimiento es una realidad fascinante que exige esfuerzo y dedicación, pero suele compensar todos los desvelos. En el mundo de los negocios hay éxitos y fracasos diariamente, y lo único capaz de potencializar unos y burlar los otros, es una gran determinación y una perspectiva realista.

Los mitos del emprendimiento son nocivos porque distorsionan la perspectiva y limitan al emprendedor. La mayoría de estos mitos y realidades del emprendimiento hablan acerca de barreras y obstáculos que solo existen en la mente de quienes los difunden.

Emprender no es fácil, pero se vuelve más difícil cuando circulan ideas fácilmente refutables con evidencia que llaman a poner fronteras en el pensamiento. Lo que se comprueba en la práctica es que con trabajo y capacidad para reconocer errores y aprender de ellos, cualquier persona llega lejos. Lo demás, o cuenta muy poco, o no cuenta.

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